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viernes, 23 de diciembre de 2016

CAMBIOS, CAMBIOS Y MÁS CAMBIOS

"Normalmente no lo planeas, simplemente pasa. Tu mundo cambia.
Y de repente sientes que has quemado otra etapa.
Pierdes a alguien, porque se fue, porque te echó o porque le echaste,
cuesta adaptarte, parte de ti quiere vivir como antes.
No sabes cómo vas a hacer para seguir adelante,
Nadie puede enseñarte a vivir los momentos frustrantes.

A veces crees... estás seguro...
de que vas a ahogarte... ¿se han llevado la orilla a otra parte?
Nadar no parece siquiera importante [...]" (Nota 1)

Que el mundo cambia a un ritmo de locura no es nada nuevo. Que en el intento de adaptarnos a esos cambios uno puede volverse medio loco tampoco es nuevo. 

Fruto de esa inquietud por seguir el ritmo a veces nos pasamos de frenada cuando queremos parar un poco y nos vemos de repente enfrentados a una brecha en la realidad que hemos creído percibir. La vida es un poco cabrona a veces y nos lleva a situaciones bastante desagradables en las que nos podemos quedar bloqueados. 

Una forma de intentar no llegar ahí o de salir rápido si acaso caemos es formarse. Pero hablar de formación hoy día es hablar de meterse en una rueda de hámster moderna y dar vueltas hasta caer rendidos. Ojo si estás ahí, el asunto no tiene fin y, a lo mejor, no necesitas tanta vuelta. 

De la misma manera, nadie nos forma o prepara para aprender a tragar los malos momentos y los cambios no deseados que sacuden todo nuestro mundo y amenazan con hacerlo caer. Especialmente cuando, por agotamiento o por no tener buen tiento, nos la pegamos o nos la pegan.

Y esa falta de preparación es la que nos puede llevar al agujero donde tendremos que aprender. El agujero es un estado de ánimo, una metáfora de la retirada del mundo que nos pide el cuerpo cuando nos hemos llevado un golpe duro. Un estado de mente en el que podemos reestructurar, a través de la tristeza y el malestar, nuestra realidad y nuestra propia identidad. Somos la suma de los pasos dados, de los pasos que no hemos dado, de los golpes recibidos y de los golpes devueltos. Pero también somos quienes podemos hacer que todo sea de otra forma, al menos para uno mismo. Eso es lo único que necesitamos para cambiar a los demás, cambiar nosotros.

Te escribo a ti. Sí, a ti.

A ti que estás en un proceso de cambios. A ti que sientes que te estás ahogando o que ya te has ahogado. A ti que estás sufriendo. A ti que estás pasándolo mal. A ti que sientes estar en el agujero. 

Puede que no lo veas nada claro. Puede que te sientas vencido y derrotado. Puede que te moleste hasta escuchar unas simples palabras de ánimo de los que sólo intentan ayudarte. Puede que ahora mismo seas incapaz de ver algo de futuro que no tenga un color negro y terriblemente jodido. Puede que sólo tengas ganas de encerrarte en un cuarto a oscuras. Puede que, incluso, hayas pensado en tirar la toalla. En abandonar y dejarte triturar por la ansiedad, por la tristeza o la depresión. 

"[...] A ratos crees estar seguro de que vas a ahogarte,
Se han llevado la orilla a otra parte,
Nadar no parece siquiera importante...
Los consejos suenan vacíos e insignificantes,
Tu mundo es tuyo, a ti no puede entenderte nadie
[...]" (1)

En ciertos estados de la mente es muy posible que nuestra capacidad de pensar con cierta claridad esté limitada y eso nos limita también la búsqueda de opciones. A veces, cuando se llega a esa vía muerta, puede ayudar el enfoque contextual. Este enfoque busca activarse hacia metas valiosas intentando que, aunque nuestro ánimo no nos ayude, podamos lograr cosas que nos permitan reenganchar con la vida.

Debes ser tú el que asuma la responsabilidad del cambio, no puedes delegar ninguna responsabilidad. Eso no está reñido con pedir ayuda, desde luego, pero esa ayuda no puede sustituir tu esfuerzo. Sólo tú puedes salvarte de ti mismo. Tú y nadie más. Nadie puede hacerlo por ti. Nadie.

Caerse es parte de la enseñanza. Parte de la carrera que es vivir. Pero, desde luego, no hay que limitarse a quejarse y dolerse, hay que levantarse. Porque esa caída nos hace un poco más débiles al tomar consciencia de nuestra incapacidad para evitar el fracaso, más conscientes de nuestra vulnerabilidad, etc... pero también esa caída nos coloca en el contexto de tener que levantarnos, de seguir peleando y, con ello, nos permite practicar el ponernos en pie, el ser conscientes de nuestra fuerza y capacidad. 

"[...] Vivir es la asignatura que estudias año tras año,
Y no hay vacaciones, sólo lecciones mi hermano
Se aprende de los errores.
Tampoco es que sea complicado
Es cuestión de tiempo que te equivoques,
Pero si he aprendido algo
Es que todo depende de cómo lo enfoques
 [...]" (1)

Todos nos caemos. Todos nos hemos caído. Todos nos seguiremos cayendo. Así será hasta el día que abandonemos este mundo. Pero si nos levantamos, cada vez seremos más expertos. Busca ayuda si lo necesitas. Y muévete. Pelea. Aquí debes ser como el escultor que quita lo que no le sirve para dejar la escultura que desea tener. Sólo que uno mismo es ese escultor y a la vez el material que recibe los golpes de cincel.

Lo que está claro es que esto no nos va a dejar igual que antes. Esto nos forja y nos templa, nos cambia y nos completa. Hasta la próxima vez que la rueda gire y volvamos a caer. 

Ánimo y buena suerte. Y sobre todo, constancia. Es lo que nos mantendrá conectados al mundo, aunque sea por un fino hilo.

Cuando vayas hacia el dolor serás libre. Serás libre cuando comprendas. Comprenderás cuando elijas. Elegirás cuando tengas dudas. Las dudas son la norma. La norma puede cambiarse. Y lo que cambia, es que está vivo.

Autor: Aitor Jaén Sánchez
www.lasbatallasdelamente.blogspot.com
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Reproducción autorizada citando la fuente.

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NOTAS

1- El Chojin: "El mundo sigue girando". Todo un ejemplo explicando, de forma magistral, cómo es la depresión y cómo luchar y ganar la pelea: Canción "El mundo sigue girando" de El Chojin

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