Follow by Email

miércoles, 18 de noviembre de 2015

EL HORROR: CUANDO NADA VALE NADA

 “[…] Silencio en la noche, ya todo está en calma
el musculo duerme, la ambición descansa.
Meciendo una cuna, una madre canta
un canto querido que llega hasta el alma
porque en esa cuna está su esperanza […]” (1)

Estaba viendo un vídeo donde un periodista francés interroga a un niño de unos cuatro años acerca de cómo ha vivido los últimos atentados en París. ¿Cómo se puede explicar a un niño pequeño lo que ocurre cuando se produce un atentado? Creo que, como psicólogo, no soy capaz de dar una respuesta razonable que sea fácil de leer.

Creo que se debe incidir en la educación en valores y en el amor hacia los niños por parte de sus familias, así como de todos los estamentos sociales. En los niños está nuestra esperanza y nuestro futuro. Si ellos son capaces de arrancar de nosotros lo mejor que tenemos, ¿por qué no intentar cambiar todo desde ahí?


El miedo busca aterrar los corazones de las personas. Imaginen el miedo en una persona que, como un niño, además de no tener experiencia de vida suficiente para poder matizar las cosas, encima es objetivo fundamental del terror. Observen en este vídeo el testimonio de un inocente ante la barbarie que es incapaz de comprender:


Los niños son un excelente arma de guerra. Eso mismo deben haber pensado los malos mucho antes que yo. Así, no son pocos los momentos de la historia de la humanidad en los que se ha secuestrado, adiestrado y utilizado a niños en conflictos armados para beneficio de unos pocos. Eso es un crimen contra la humanidad, porque ataca a la base de nuestra supervivencia como seres vivos.

“[…] Meciendo una cuna una madre canta
un canto querido que llega hasta el alma
porque en esa cuna está su esperanza.
Eran cinco hermanos, ella era una santa
eran cinco besos de cada mañana.
Rosaban muy tierno las hebras de plata
de esa viejecita de canas muy blancas.
Eran cinco hijos que al taller marchaban […]” (1)

Soy poco partidario de la libertad religiosa, y menos partidario aún de que se pueda imponer a un niño un credo antes de que éste tenga uso de razón para decidir por sí mismo si lo quiere o no. Por eso, para no ofender a nadie, no opinaré sobre este hecho que prácticamente todas las religiones imponen a sus seguidores. Pero también creo que en todas las religiones existen las consignas adecuadas para que todos podamos vivir en paz y relativa armonía, aceptando las diferencias y discrepancias con todo el mundo que, como es lógico, siempre van a existir.

Creo que la raza humana nunca ha estado mejor que ahora. A los que creen que son tiempos terribles, baste indicarles la lectura de cualquier libro de historia. Por básico que sea el libro, en cada suceso o acontecimiento interesante que merezca mención en el mismo, seguro que ha sido a costa de litros y litros de sangre humana.

El ser humano siempre ha estado al borde del abismo. Antes, por la relativa baja cantidad de personas y amenazas como guerras, epidemias, hambrunas, etc… que nos colocaron a borde del colapso… Ahora, por la relativa facilidad que, pese a nuestra tecnología y superpoblación, tenemos para aniquilar a grandes masas de personas mediante armamento químico, biológico y nuclear, sin dejar de contar con el eufemísticamente conocido como “armamento convencional”, como si una bala “convencional” no matara igual que un arma nuclear.

“[…] Silencio en la noche, ya todo está en calma.
El musculo duerme, la ambición trabaja.
Un clarín se oye, peligra la patria
y al grito de guerra los hombres se matan
cubriendo de sangre los campos de Francia […]” (1)

Creo que la respuesta para estos sucesos trágicos que llevamos toda la vida padeciendo está en el amor. Pero en el amor sincero al prójimo. No les daré un sermón religioso, recuerden lo que antes he dicho.

El amor es libertad. Libertad para aceptar, libertad para crecer, libertad para comprender, libertad para permitir, libertad para dejar ir cuando el objeto de amor se va. Si se educara a la gente para tener esto como objetivo, creo que nos iría a todos mejor, en todos los ámbitos.

Por eso, hay gente que ya está fuera de estas opciones. Los que han cometido estas atrocidades y los que les han apoyado no parece que tengan una solución y, ni muchísimo menos, cabida en nuestra sociedad. La respuesta debe ser de otra índole. Y contundente. Lo utópico no debe ir reñido con lo real y pragmático.

El amor, creo yo, es un impulso vital de todo ser humano. Creo que todas las personas somos esencialmente buenas, pero que cuando esa bondad se trunca o impide por alguna razón, justificada o no, aparece entonces el lado opuesto del amor.

Hay mucho bicho malo en este mundo a día de hoy. Bichos que se alimentan de dinero, de petróleo, de poder, de religiones tergiversadas, de odio. Son muy malos bichos a los que debemos dedicar algo de atención antes de que se conviertan en plaga e infesten nuestros hogares, nuestros parques, nuestros centros educativos, nuestras mentes. No sólo están los bichos que ahora han matado a inocentes, sino que también hay muchos bichos con buenas pintas en gobiernos, en grandes multinacionales, en despachos, maquinando a su favor, en su beneficio, cómo hacer para enriquecerse más y aumentar su poder. Esos hilos de muerte son los que en esencia hay que cortar.

Respecto del mal que se genera por toda esta basura, el principal problema de esta falta de bondad, es que tiene que ver con la libertad de cada uno para elegir cómo actuar en cada situación, ya que no se le puede echar la culpa a lo que nos han dicho que hagamos, o hacer algo malo con la excusa de que un libro o un líder nos lo ordena. No, eso no cuela. Cada uno tiene que elegir. Y afrontar las consecuencias de lo que ha elegido.

Desde luego, las consecuencias son muy distintas cuando uno actúa bien que cuando uno actúa mal y haciendo daño a los demás. En el primer caso, el mundo crece, se desarrolla, mejora. En el segundo, todo va en declive, hay dolor, destrucción, sufrimiento. Deben elegir ustedes qué es lo que van a hacer.

Desde luego los acontecimientos sangrientos forman parte de nuestra historia como especie, siempre han estado ahí, no son nada nuevo. La respuesta es muy compleja, ya que no es sólo militar, sino que es social, educativa y cultural. E implica además abrir la mente para poder entender qué motivaciones perversas están detrás de estas cosas, porque a veces se pone como enemigo a alguien que sólo es la punta del iceberg de todo lo que hay detrás.

“[…] Hoy todo ha pasado, renacen las plantas.
Y un himno a la vida los arados cantan.
Y la viejecita de canas muy blancas
se quedó muy sola,
con cinco medallas que, por cinco héroes,
la premió la patria […]” (1)

En Occidente vivimos muy bien, podría decirse que mejor que nunca. Sólo una pequeña parte del total de la población pasa dificultades que pongan en riesgo su vida. Eso entra en franca desigualdad con otros países donde a diario mueren más personas que el viernes pasado y poco o relativamente poco se escandaliza nuestra opinión pública. Pero son seres humanos, y con cada pérdida de una vida, perdemos todos. Piensen qué les quedaría en la vida después de perder a sus hijos, a sus maridos o mujeres, a sus padres de forma brusca en un bombardeo, en un ataque suicida, en una operación de limpieza étnica, en un conflicto civil o religioso, en una dictadura. Parece que el mal ha decidido hacer horas extras con la humanidad.

Hablo de conflictos donde las personas están sacando constantemente lo peor de cada uno, de forma más o menos justificada o injustificada… Palestina, Israel, Siria, Irak, Turquía, Francia, Nigeria, Afganistán, Túnez, Egipto, Colombia, México, Venezuela…. Y creo que podríamos seguir así con cada país. 

Lo terrible es pensar en el enorme progreso y potencial que se desperdicia por culpa de estas cosas y todo lo que se podría lograr si la humanidad alcanzara un acuerdo sobre metas comunes. Creo que eso es una pura utopía.

Pero sí creo que al menos podemos intentar hacer de nuestro pequeño mundo un lugar un poco mejor. Siendo mejores personas, mejores amigos, mejores vecinos, mejores padres, mejores hijos, creo que al menos podemos iluminar un poco nuestro camino en esta oscuridad. La vida pasará de igual forma, pero al menos que sea con dignidad. Por ti y por todos los muertos, silencio en la noche. DEP.

“[…] Silencio en la noche, ya todo está en calma
el músculo duerme, la ambición descansa.
Un coro lejano de madres que cantan
mecen en sus cunas nuevas esperanzas...
Silencio en la noche
Silencio en las almas […]” (1)

Autor:

Aitor Jaén Sánchez
www.lasbatallasdelamente.blogspot.com
terapia2009@ya.com  
Reproducción autorizada citando la fuente.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

NOTAS:

1 - “Silencio”: Composición: Alfredo Le Pera / Carlos Gardel / Horacio Pettorossi (1933) Buenos Aires.


8 comentarios:

  1. Me ha gustado tu artículo Aitor, sabes además comenzarlo: “Si ellos (los niños) son capaces de arrancar de nosotros lo mejor que tenemos, ¿por qué no intentar cambiar todo desde ahí?”

    Como bien dices, otros deben haber pensado antes que tú sobre ello. Los que plantan la mala semilla en el momento en que no se puede decidir, ni negarse a ella. La religión, en mi opinión, no es un problema sino un medio más utilizado por "los malos". Pues en una religión, o cualquier otra doctrina, lo más importante es que tenga un buen contenido; como el amor, el respeto o el perdón.

    Cualquier educación recibida desde pequeños, incluso por parte de los padres, también es una forma de adoctrinamiento; es en el origen. Y perdurará posiblemente durante toda su vida pues se plantó y se regó desde el principio. El problema no creo que sea la libertad de religión, ni el país, la raza o su cultura. El problema siguen siendo las personas; muchas evolucionan muy lentamente; tan despacio que no alcanzan a comprender el grave perjuicio que causan a sus hijos, lo que más aman, cuando por su edad aún no tienen defensas para opinar de forma diferente.

    Enhorabuena, espero leer el siguiente pronto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por los comentarios, Vicente. Como bien sabes, si ponemos unos buenos cimientos, luego podremos poner encima de ellos cualquier cosa. De eso se trata, de ser mejores no sólo por nosotros, sino porque con esos pequeños gestos hacemos un poco mejor este mundo. Saludos

      Eliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  3. Enhorabuena. Comparto cada pensamiento, cada palabra de este artículo al cien por cien.
    Con tu permiso enviaré el Link a mis contactos.
    Un saludo viejo amigo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola David, muchas gracias por tus palabras. Nosotros, que hemos tenido una vida relativamente "fácil", comparando con otros lugares de este mundo, sabemos lo que bien vale nuestro bienestar y avances. Nos toca a cada uno elegir qué hacer ante las circunstancias que nos tocan. Sin duda tenemos mucha ventaja al tener un contexto donde se puede elegir. Te agradezco que compartas la entrada.
      Cuídate mucho.
      Un saludo!

      Eliminar
  4. Un aplauso. Comparto cada uno de esos pensamientos que expones al cien por cien.
    Y con tu permiso compartiré el enlace con mis conocidos, un saludo antiguo amigo.

    David Nadal

    ResponderEliminar
  5. Un articulo muy bueno!!
    Esperamos el próximo!
    Saludos

    ResponderEliminar

Hola, puedes dejarnos si lo deseas un comentario. Éste será revisado y publicado si cumple las mínimas reglas de educación, respeto, tolerancia, etc...