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domingo, 25 de enero de 2015

¿NECESITAMOS TANTO BIENESTAR Y CONTROLAR TANTO EL SUFRIMIENTO?

Leyendo las noticias, hablando con multitud de gente en varios contextos, viendo las reacciones que a veces la gente adopta ante adversidades, tragedias, etc... me surge una pregunta desde lo más hondo... ¿Estamos como sociedad mal educados de cara al dolor? 

En una sociedad donde se nos bombardea constantemente con la necesidad de productos que dudosamente necesitamos, donde se nos recuerda constantemente que tampoco podemos ser dueños de nuestros padecimientos (ya que parece que ni gripe se puede tener), donde para todo casi puede haber ahí un "experto" que asume el mando y la responsabilidad de la solución... nos descubrimos de repente en un mundo que tiene "de todo" y en el que hay cada vez más gente desorientada y sufriendo horrores. 


¿Y la solución a esto, dónde está?... Pregunta complicada, cuya respuesta no está clara, siendo el individuo el que debe plantearse qué hacer con su situación. Si analizamos fríamente la situación, actualmente gozamos de cuestiones que hace siglos serían consideradas dignas de Dioses (no digamos ya de Reyes): luz a todas horas dando a un botón, acceso a un conocimiento prácticamente absoluto del mundo mediante un artilugio que llevamos en el bolsillo, comunicación con cualquier persona en tiempo real en cualquier lugar del planeta, una caja que enfría y conserva alimentos durante meses, un médico formado científicamente en un centro preparado para ello, etc... Cosas que hace siglos eran impensables aunque fueras el rey del mundo.

Y en este contexto, resulta que hay que ser feliz. Está prohibido sentirse inferior, está mal visto sentirse un fracasado, está mal visto estar cansado o querer rendirse... Bueno, no está prohibido literalmente en ninguna norma pero... ¿Cómo se sienten Ustedes cuando alguna de estas cosas aparece por su mente y ataca a su vivencia? Seguro que se les dispara alguna que otra alarma y seguro que algún u otro mecanismo de supervivencia se pone en marcha para tratar de afrontar ese malestar. Esto, que desde luego no es malo en sí mismo, no siempre será de ayuda. Sobre todo cuando aparece la sensación de lucha entre la necesidad de experimentar esa emoción "negativa" y las ganas de que desaparezca. Enhorabuena, está conociendo el "lado oscuro" de sus emociones, ese otro 50% de vida emocional que tantos gurús e iluminados de hoy en día se emperran en que la gente destierre de su vida... sin darse cuenta de que para ello tendrían que arrancarse medio cerebro (a lo mejor ellos ya lo hicieron y eso lo explica todo...)

Pero... ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo eliminar ese malestar? ¿Cómo acabar con esa inseguridad?

Desde luego, la respuesta a esta cuestión no la vamos a encontrar en la superficie del problema, ya que ahí por desgracia lo más posible es que nos acaben recomendando medicación para el malestar. Eso puede que no esté mal hasta empezar a funcionar por uno mismo en la dirección que se elija o valore pero... ¿crear enfermos crónicos adictos a los psicofármacos sólo porque haya personas que no puedan aceptar o tolerar el malestar, incluyendo a los propios profesionales que recomiendan la medicación casi tan pronto como el paciente comienza a quejarse? Eso no es muy razonable. Es más, podría ser que no fuera ni siquiera ético o buen criterio de praxis profesional.

Las cifras nos dicen que desde el año 2000, el consumo de antidepresivos/ ansiolíticos se ha incrementado de tal manera que deberíamos reflexionar profundamente desde el ámbito de la salud mental: 





Viktor Frankl decía en su libro "El hombre doliente" (Ed. Herder, 4ª ed, Barcelona, año 2000) que "La liberación del dolor a cualquier precio no es una máxima admisible del tratamiento médico [o psicológico]... -no le es lícito al médico [o al psicólogo] buscar la euforia a cualquier precio: la euforia a cualquier precio equivaldría a la eutanasia parcial... No podemos liberar a un ser humano de sus dolores al precio de su propia abdicación. Y sería abdicar de sí mismo evitar radicalmente el displacer, combatir el dolor incondicionalmente, incluyendo el descontento y el dolor de un sufrimiento cargado de sentido existencial. Entonces podría ocurrir que el hombre, al perder su dolor, perdiera su propia individualidad"

En resumen, que necesitamos reconectar con aquello que nos hace padecer para descubrir que por sufrir no dejamos de tener nuestros deseos y valores en la cabeza, siendo entonces una de las claves el tratar de funcionar aún a pesar del malestar y tratando de llevar las riendas de nuestra propia vida. 

Se trata de luchar aun cuando creamos que ya no podemos más, algo de la que ya hablamos en esta otra entrada :
http://lasbatallasdelamente.blogspot.com.es/2013/09/lucha.html

Se trata de decirles que el "secreto" es aceptar ese malestar y ese sufrimiento ya que, amigos nuestros, sufrir es parte de la vida. Evitar ese dolor no siempre será posible y no siempre será útil hacerlo. Pero eso no quita que no se pueda hacer algo con él, claro que no. Es legítimo trabajarlo y hacer que cumpla su función porque, aunque cueste verlo cuando uno está mal, el dolor tiene una función. Y el trabajo de cada uno es analizar cuál es esa función y generar el contexto de cambio adecuado para cumplirla. Es en ese momento cuando el dolor dejará de tener sentido al haberse logrado el objetivo y es cuando la experiencia se puede integrar en el repertorio de vida de cada uno. Miren atrás un momento... son lo que han hecho, lo que han vivido, lo que han pasado... y también lo que han sufrido. Y están aquí, vivos. Luego esa experiencia, que no les ha matado, algo les habrá enseñado. Siempre señalo a la gente que me consulta que somos mucho más fuertes de lo que nos pensamos pero que, a veces, sólo descubrimos esa fortaleza cuando el ser fuerte es lo único que nos queda.

Miren a sus mayores cara a cara. Pregúntenles qué es lo que les ha hecho verdaderamente felices en la vida y qué cosas consideran esenciales para lograr esa felicidad. Ellos, que han pasado guerra y posguerra, hambre, conflictos políticos serios, etc... pueden ser una gran ayuda en estos momentos inciertos. Escúchenles sinceramente. Y si no tienen cerca a personas con esa experiencia vital, les recomendamos el consuelo de los clásicos (Platón, Séneca, Aristóteles, Epicuro, etc.) se sorprenderán de que sus preocupaciones son también las suyas, estimados amigos...

La fórmula la resumo en un párrafo que me repito y repito a los cuatro vientos en momentos difíciles:

Cuando vayas hacia el dolor serás libre. Serás libre cuando elijas. Elegirás cuando tengas dudas. Las dudas son la norma. La norma puede cambiarse. Y lo que cambia, es que está vivo.

Aquí les dejamos con un enlace a un programa de radio que enfatiza el valor de las emociones consideradas negativas, aquellas que la gente se intenta quitar de encima cuanto antes al generar malestar. Es un alegato a pararnos a pensar y a tender la mano al dolor y al sufrimiento que, como seres humanos, vamos a experimentar a lo largo de la vida, seamos positivos o no. Es muy recomendable escucharlo, de verdad:

Programa Radio UNED: "¿Nacidos para ser felices? El lado oscuro de la psicología positiva"

Autor:
Aitor Jaén Sánchez
Psicólogo, Terapeuta Ocupacional.
www.lasbatallasdelamente.blogspot.com 
terapia2009@ya.com  
© Reproducción autorizada citando la fuente.----------

2 comentarios:

  1. Vivimos en una sociedad indolente con el mal ajeno, pero que no soporta el suyo propio. La realidad es que no sabemos convivir con dolor, no lo aceptamos y por tanto nos sentimos vulnerables cuando aparece.
    El dolor forma parte de nuestra dia a día, estamos preparados para experimentar el dolor como una señal de alarma que nos avisa de un peligro, lo llevamos en nuestro adn. Cuando se vuelve crónico no sabemos que hacer y al final lo somatizamos al relacionarlo con algo ajeno a ese dolor. Ya está por siempre con nosotros y nosotros por siempre con los médico y sus pastillas milagrosas.
    El dolor hay que ignorarlo, como se ignoran las cosas que nos molestan en la vida. Apartarlo de nuestra mente, como apartamos cualquier acontecimiento que nos ha hecho daño.
    De esta manera podremos vivir sin/con dolor haciendo nuestra vida sin darnos cuenta de que algo nos ha entorpecido durante algún tiempo, hasta que se aleja del todo.
    Un saludo.

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, Julio, por tus comentarios. Sin duda debemos aceptar el dolor y aprender a centrarnos en lo que queremos del mundo, suscribo lo dicho.

      Muchas gracias por tus palabras.

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