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sábado, 26 de abril de 2014

MI HIJO NO QUIERE ESTUDIAR ¿QUÉ PUEDO HACER? (Parte 2)

MI HIJO NO QUIERE ESTUDIAR ¿QUÉ PUEDO HACER? (Parte 2)

En el artículo anterior comenzamos a perfilar algunas de las variables que influían en el proceso académico. Si bien todo lo dicho hasta ahora es válido para edades relativamente tempranas, creemos que es más adecuado plantear todo esto para estudiantes a partir de los 10-12 años.

Nos quedamos hablando de los estilos cognitivos y en este artículo lo haremos de la motivación como variable esencial en el proceso educativo. Aunque, si lo pensamos detenidamente, la motivación es algo que nos puede ayudar en cualquier terreno de la vida porque, sin ser necesaria la motivación ni ser realmente una razón para hacer las cosas, bien cierto es que ayuda mucho a hacerlas.


Trataremos la motivación como una cualidad global que contiene intereses, actitudes, expectativas, facetas del autoconcepto y la autoestima, así como factores contextuales como el clima del aula, relaciones con los profesores e iguales y las relaciones con la familia.

De todo lo que hemos abordado y abordaremos, considero que es uno de los temas más importantes.

LA MOTIVACIÓN

La Real Academia Española define motivación como la “acción y efecto de motivar” así como “motivo”. La raíz latina de la palabra alude al movimiento, así que podemos definir la motivación para nuestro objetivo psicológico como el grado de activación de una persona que la impulsa y dirige a lograr un objetivo. De aquí sacamos algunos elementos críticos para comprender de qué hablamos en un terreno práctico: se trata de una activación que tiene cierta à dirección hacia un à objetivo.

Toda estrategia que nos permita mejorar la activación, designar una dirección y establecer unos objetivos contribuirá a mejorar la motivación y a facilitar los procesos que la sustentan.
No podemos resumir aquí las distintas teorías que sobre este proceso se han confeccionado, ya que son muy extensas y la explicación psicológica de cada una excede las pretensiones del presente escrito. Por ello, animamos al lector interesado que las consulte en las referencias al final (Ver NOTA 1)

Independientemente de cómo se intente explicar la motivación, podemos decir que en cierto modo “la necesitamos” para cualquier actividad que desempeñemos. No discutiré aquí los principios del sistema verbal humano que rebaten esta afirmación (y muchas otras comúnmente aceptadas) desde la óptica del condicionamiento operante de B.F. Skinner, porque lo que nos interesa es ayudar a tener algunas ideas claras y no liarnos más.

La motivación, como energía que hemos dicho que era, puede estimularse teniendo en cuenta una serie de pautas. Tomaré las que el Profesor de la UNED, Gonzalo Sampascual Maicas (2) expone en su manual, adaptando algunas cosas y comentándolas:

1. Clima adecuado en el aula.

La motivación aumenta cuando el alumno tiene un contexto adecuado en el aula, habiendo seguridad y respeto por los demás. Muy importante en la creación de un buen clima es la figura del profesor, ya que es quien debe mantener una autoridad, un programa de formación y a la vez saber ser flexible y cercano.

Un profesor motivado y motivante puede ser un estímulo importante para los estudiantes y lograr espolear la curiosidad y las ganas de aprender.

En contrapartida, un profesor desmotivado, cansado o quemado puede resultar nefasto para los estudiantes, especialmente para aquellos que están poco inspirados o tienen algún tipo de dificultad.

2. Clima adecuado en el hogar.

Uno de los elementos críticos para que un estudiante tenga unos buenos resultados es que reciba un apoyo más o menos manifiesto en casa. O al menos, que no reciba un apoyo negativo por parte de la familia. Aunque no se ayude, al menos que no se fastidie.

Hogares donde los dos padres trabajan, están muy ocupados, donde no hay normas, donde hay un conflicto familiar, etc… son poco estimulantes para el estudio.

Igualmente, en el hogar se debe fomentar el trabajo duro pero sin pasarse. No se trata de que el niño viva por y para el instituto, ni de que sea el garante de una tradición familiar frustrada, o de que tenga que estar estudiando 10 horas al día. Ustedes cuando llegan a casa después del trabajo no siguen trabajando… ¿O sí? En caso afirmativo, les diremos que dedicar tiempo a sus hijos es fundamental, ellos necesitan atención no sólo cuando haya problemas en los estudios, la necesitan para cualquier otra área de su vida.

Importante también es no estimular competición entre hermanos, ya que eso genera tensiones que no ayudan en nada al ambiente de motivación y puede generar frustración si hay algún suspenso.

Tampoco se debe ligar el cariño o la atención a los aprobados, su hijo es su hijo suspenda o apruebe. Si le genera malestar su vagueza o los malos resultados, aprenda a afrontar ese malestar y no permita que se interponga entre Usted y su hijo. No hacerlo así supondrá un verdadero problema, donde el riesgo a que se bloquee la comunicación afectiva se hará patente y empeorará la situación.

3. Trabajar conforme a objetivos y contenidos basados en el aprendizaje significativo.

Esto se logra explicando a los alumnos qué se espera de ellos y logrando transmitirles lo necesario que es que comprendan lo que se pide de ellos. Nuevamente es el profesor el que puede y debe tratar de ayudar al alumno a integrar esos objetivos en la vida cotidiana del alumno ya que, no lo olvidemos, no debe haber muchos jóvenes adictos a las matemáticas o que suspiren por un análisis morfosintáctico de un texto. 

Estudiar es algo impuesto y no suele ser considerado algo divertido o apetecible por los estudiantes. No esperemos que les guste estudiar, porque eso no ocurrirá casi nunca.

Por ello, y especialmente cuando los contenidos sean densos o pesados, el profesor deberá hacer más asequible esta tarea de aprender. No acabo de comprender la sensación de algunos profesores (no pocos) que, ante el fracaso de los alumnos, atribuyen esos fracasos a los alumnos por vagos, incapaces, lentos, etc… sin pensar ni siquiera un momento que a lo mejor ellos son parte del problema.

La responsabilidad es un concepto de doble sentido, la tienen los alumnos que deben comprender y asimilar unos contenidos, pero también la tienen los responsables de que este proceso ocurra Y eso hace que los profesores deban comprender su parte de responsabilidad en este asunto.

4. Provocar la disonancia o conflicto cognitivo.
Sí, el conflicto es necesario. Y de hecho, debe ser la pauta básica a seguir para enseñar. El desequilibrio en los esquemas cognitivos que obliga a una reconstrucción que incluya los nuevos contenidos es la base del aprendizaje así que debe ser conocido y estimulado.

Nada ilustra más esto que cuando un niño comete un error al desobeceder a sus padres y recibe una descarga eléctrica por andar trasteando con un enchufe que le dijeron no tocara… aun sin ser castigado por los padres, el niño aprenderá rápido a no repetirlo dadas las contingencias sufridas. En este caso, no se trata de aplicar este principio al aprendizaje, sino de aprovechar que el conflicto es algo que genera mucha energía y que ésta energía bien reconducida podrá ayudar al aprendizaje. Debemos fomentar y estimular la curiosidad, retar al estudiante… y premiarlo cuando acepte el reto.

Los niños tienen una tendencia innata al aprendizaje, si algo la trunca, será difícil recuperarla. Y ahí los profesores deben ser conscientes de que de su actitud depende mucho del resultado. Si un profesor es dinámico, inquieto, provocador, cultivado, etc… eso podrá ayudar a los jóvenes a captar ese rastro. Aunque no se lo crean, los niños están siempre captando información y eso es muy importante tenerlo presente.

Igualmente, los padres pueden estimular este conflicto mental intentando generar debates en casa sobre temas que generen interés al estudiante y, sobre todo, animando para que encuentre la solución tras un proceso de razonamiento y búsqueda.

5. Ayudar a crear expectativas adecuadas y realistas acerca del propio rendimiento.
Para ello, el profesor deberá saber cómo hacer que el alumno consiga poco a poco resultados, de manera que esos pequeños éxitos le vayan reforzando su autoconcepto como estudiante capaz y a la par vaya aprendiendo que, con lo que resulta difícil, hay que esforzarse a fondo. Así, se aprenderá el valor del trabajo a largo plazo, tan necesario en nuestro mundo actual.

Ni qué decir tiene que la familia puede apoyar en este punto muchísimo al estudiante. ¿Cómo? En primer lugar, dejando que el estudiante con exceso de confianza y poco trabajador se pegue su propio batacazo y exigiéndole un rendimiento como haría cualquier jefe con un empleado. ¿Conocen a algún jefe que ante un empleado que ha cometido un error le suba el sueldo y encima le haga él la tarea? Entonces... ¿por qué hacen eso algunos padres con sus hijos cuando fracasan?
He visto padres estudiando más horas que los propios hijos, haciendo sus deberes, etc… en definitiva SUPLANTANDO el esfuerzo del hijo para intentar que aprobara. 

Pero veamos… si estudiar es dedicar tiempo, así sólo se consigue que el niño sepa cada vez menos porque el esfuerzo de aprender recae sobre otro… con lo que la responsabilidad se va haciendo cada vez más pequeña… y encima le estamos enviando un sutil mensaje a modo de sugestión indirecta al estilo de “como tú no eres capaz de hacerlo, lo haremos nosotros por ti”. Se mire como se mire, resulta nefasto para todos.

Si un niño suspende, no tiene por qué pasar nada (no es el fin del mundo), pero desde luego tiene que enmendarlo estudiando más o mejor para aprobar y pagar las consecuencias. Si el niño suspende y no se produce ningún cambio… le estaremos mandando un mensaje un tanto contradictorio. Y ante la posibilidad de tener lo mismo trabajando menos… ¿qué creen que elegirá el estudiante? ¿Acaso no harían eso Ustedes si en su trabajo les dijeran que trabajaran la mitad por el mismo sueldo?

Por ello, el suspenso debe considerarse como un objetivo no logrado y por ello, debe ser castigado adecuadamente. Pero sin acritud, ojo. Se trata de aceptar el fracaso, pero castigándolo para que se corrija, como se hace con cualquier comportamiento inadecuado. Porque partimos de la base de que el suspenso viene derivado de un estudio insuficiente. Confiamos en la idead de que con un tiempo de estudio suficiente, los contenidos pueden dominarse.

Y mucho ojo por parte de los padres cuando, al poner un castigo, aparece la culpabilidad y el sentirse mal y se pretende enmendar eso con un regalo o levantando el castigo, porque entonces estaremos generando una ambigüedad para con las normas que no ayuda nada. Y eso sólo refleja que quien tiene el problema no es el estudiante, sino los padres. Y si los padres no forman parte de la solución, peligro, porque podrían suponer formar parte del problema.

Es importante tener presente que en caso de fracaso es muy importante aquí de nuevo la figura del profesor ya que, basándose en el manejo de la relación interpersonal con el alumno, deberá saber ayudar a éste a hacer una atribución correcta de las causas del suspenso… y esto es en muchas ocasiones el aspecto donde se acaba negociando el fracaso o el acierto con los estudios

Si el profesor está quemado, no está muy convencido de lo que hace, no le gusta enseñar o no le gustan los estudiantes, contribuirá a que el estudiante haga una atribución de sus resultados a la falta de capacidad y por ello, puede aparecer la desmotivación al generarse la idea de que no podrá lograrlo. Y con esa perspectiva… ¿quién se pone a estudiar con toda la energía para un examen de matemáticas difícil

Si el profesor está concienciado, disfruta de su trabajo, le gusta la relación con los alumnos y además tiene una mentalidad sana, seguramente podrá ayudar para que el estudiante llegue a realizar una atribución más relacionada con la falta de esfuerzo… lo que viene a ser la idea básica que estamos exponiendo. Siempre resulta más positivo que el estudiante piense que ha suspendido por no haber estudiado lo suficiente a que crea que ha suspendido porque no tiene capacidad suficiente o porque es un poco retrasado

Como ven, esta diferencia es un punto crítico en cuanto a las expectativas que la persona se puede hacer, ya que en el primer caso tenemos cerca la desesperanza e indefensión de la que hablamos en el anterior artículo y en el segundo vemos que el estudiante podrá asumir ese impacto saliendo de él reforzado con la idea de que trabajando más podrá lograrlo

Ni que decir tiene que la familia también puede ayudar en este proceso de la correcta atribución al sancionar las conductas de “vaguería” y suspenso, apoyando y premiando las conductas de éxito, dedicación, estudio, etc. 

6. Debe fomentarse en el aula la cultura del aprendizaje, no únicamente la cultura de la evaluación.
Esto es importante porque al final podemos acabar teniendo estudiantes hábiles en aprobar exámenes que memorizan como papagayos unos contenidos que no alcanzan a comprender. Aunque les cueste creerlo, esto ocurre incluso en el nivel universitario, más de lo que se puedan pensar.

Se trata de aprender, de darse cuenta de que se puede memorizar y relacionar los contenidos y que con ello nuestra mente se hace más fuerte, más flexible, más eficiente y eso nos da más herramientas para solucionar los problemas que la vida nos pone delante.

Y una de las mejores maneras de aprender es ayudado por un profesor que guíe ese proceso, ayudando a evitar la ansiedad e inhibición ante la evaluación, estimulando una sana competición por el aprendizaje sin caer en las comparaciones innecesarias con otros alumnos y ayudando a través del aprendizaje a construir una autoestima y un autoconcepto más sanos.

La familia puede apoyar también el aprendizaje cuando, en vez de estudiar con el niño o responderle ante una duda, ayuda a reflexionar sobre el tema y facilita que sea el propio alumno el que encuentre la solución por sí mismo. Nada refuerza más que encontrar la solución a un problema que se nos atasca y la familia debe ser ese caldo de cultivo que estimula a buscar, no a aceptar una respuesta concreta sin entenderla.

Y tampoco está de más el recalcar y recordar que no debemos intentar fomentar el estudio en una familia haciendo comparaciones, ya que eso sólo genera expectativas que se pueden torcer y generar problemas… si a mí me comparan con pepito y pepito es de sacar diez en todas… pues vamos listos.

7. Orientar el aprendizaje de los alumnos. No hay dos personas iguales y por ello, no puede haber dos enseñanzas iguales. Los ríos de la Península Ibérica son los mismos para todos, pero no todos podrán aprendérselos de la misma forma. Por ello, una adecuada orientación debería incluir esta pequeña matización, aludiendo a diferentes tipologías de aprendizaje.

Hay que ayudar al estudiante a hacer “suyos” los contenidos, no olvidemos que la mente de un adolescente aún se basa en una estructura muy “simbólica” para ciertos conceptos que se comprenderán más adelante en la vida adulta. Tenemos aún una personalidad en desarrollo, caracterizada por los sesgos egocéntricos y por una forma de ver el mundo muy peculiar. Tan peculiar, que algún amigo nuestro la llamaba “aborrescencia” y debemos afirmar que a veces el término resulta más que adecuado.

La energía siempre estará ahí. Por ello, siempre es posible la motivación. No es tarea fácil rascar para que aflore cuando tenemos un problema, pero no es imposible lograrlo con esfuerzo. De hecho, todo comportamiento es motivado. Incluso el comportamiento de fracaso académico. Luego, por ello, no es correcto decir que un estudiante que va mal no está motivado, porque lo está. Sólo que no lo está en la dirección pretendida del aprendizaje. Ni en la dirección pretendida en casa.

Para que una conducta se mantenga es preciso el reforzamiento de la misma. Para que una conducta reciba un reforzamiento deben cumplirse unas reglas. Si no se cumplen esas reglas, el reforzamiento se pierde y es posible que la conducta vaya perdiendo fuerza y se derive hacia otras metas.

Descubrir la razón por la que ocurre esto es fundamental y a ello dedicaremos el tercer capítulo de esta serie, abordando los factores que hacen que la motivación discurra por el lado pretendido o se tuerza hacia el conflicto.

Continuará…

Autor:
Aitor Jaén Sánchez
Psicólogo, Terapeuta Ocupacional.
www.lasbatallasdelamente.blogspot.com
terapia2009@ya.com  
© Reproducción autorizada citando la fuente.

**NOTAS:

1. Concepto y teorías de la motivación:

2. Sampascual Maicas, G. (2004) Psicología de la Educación. Tomo I. Págs. 285-313. Madrid: UNED

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