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domingo, 30 de marzo de 2014

MI HIJO NO QUIERE ESTUDIAR ¿QUÉ PUEDO HACER?


Ante las numerosas consultas que estamos recibiendo de padres preocupados por los estudios de sus hijos, abordaremos en las siguientes entradas del blog algunas pautas para intentar aportar algo de ayuda.
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En España, el porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años que no realizan ningún tipo de estudio y que no han conseguido ninguna titulación de educación secundaria dobla las cifras globales europeas, con un 24´9% frente al 12´8% de Europa para 2012. Además, estamos aún muy lejos del 10% de tasa de abandono temprano del sistema educativo marcado como objetivo europeo para 2020 (Nota 1)

En un contexto socioeconómico como el actual, el fracaso académico supone un verdadero jarro de agua fría para las personas que lo padecen. Por ello, no está de más la adopción de una serie de pautas que nos permitan evitar o limitarlo desde su origen.

Hay muchos factores que pueden influir en el buen desarrollo de los estudios, tales como inteligencia, motivación, estilos cognitivos, apoyo familiar, autoestima, disciplina, etc… Nosotros nos centraremos en algunos de ellos sólo, debido a que son los más fácilmente abordables desde el ámbito familiar.

Tenemos una serie de variables que influyen en el proceso de aprendizaje (2) y que deben ser tenidas en cuenta:


-          Variables relativas al alumno:
o    Cognitivas:
§  Conocimientos previos.
§  Inteligencia.
§  Estilo cognitivo.
o    Motivacionales:
§  Motivos.
§  Intereses y actitudes.
§  Expectativas.
§  Autoconcepto.

-          Variables relativas al contenido que se aprende:
o    Naturaleza y estructura de los contenidos.
o    Presencia de introducciones, inclusores previos, resúmenes, etc…

-          Variables relativas al cómo se aprende.
o    Metodológicas:
§  Relativas al profesor: planificación del proceso, actuación del profesor, etc.
§  Relativas al alumno: uso de estrategias de aprendizaje, dedicación, esfuerzo, actitud, etc.

o    Contextuales:
§  Clima del aula, relaciones entre alumnos, relaciones profesor-alumno, etc.

Abordaremos todos estos factores realizando una somera descripción de cada uno y deteniéndonos en aquellos en  los que se puede realizar un abordaje más detenido desde el contexto familiar.


LOS CONOCIMIENTOS PREVIOS
Ausubel (3) resumía en una sola frase un concepto esencial para un aprendizaje adecuado: “De todos los factores que influyen en el aprendizaje, el más importante consiste en lo que el alumno ya sabe. Averígüese esto y actúese en consecuencia”

El saber lo que un alumno ya sabe sobre un tema es esencial para poder hacer discurrir los contenidos que se pretende impartir. No en vano, si un alumno no sabe nada del tema que se le va a explicar pero el profesor lo cuenta como si lo supiera, tendremos un serio problema. Por ello, no está de más realizar un pequeño repaso de conocimientos antes de empezar con un contenido para ver qué tenemos en la mente sobre ello y ver de qué manera encajaremos lo nuevo en la estructura de conocimiento ya presente.

Este pequeño repaso servirá para aplicar un concepto llamado “inclusor previo”, que viene a ser como un pequeño esquema de situación de lo que se va a abordar, algo así como una especie de mapa del recorrido que se hará que nos facilitará que el alumno no reciba el contenido “desde cero”
Esta tarea es una responsabilidad del docente, por lo que no nos detendremos mucho aquí.

LA INTELIGENCIA
Este factor resulta importante para el aprendizaje, pero menos de lo que comúnmente se cree. Estudios han puesto de manifiesto que no es inteligencia lo único preciso para superar unos contenidos, por lo que su relevancia se ha ido matizando con el tiempo. Ya Cattel (1963) o Butcher (1968) afirmaban que la inteligencia de un estudiante no podía explicar más de la mitad de la varianza del rendimiento en el mejor de los casos. Es decir, que su influencia en los buenos resultados no alcanzaba el 50%. Incluso se llega a citar que no llega ni a la tercera parte del total, un 33%

La inteligencia es un conjunto de capacidades de variada índole según el autor o corriente de referencia que se contemple. Igualmente, hay diferencias en cuanto a la posibilidad de mejorarla, según las corrientes que se sigan, pero diremos que dentro de una base potencial siempre existirá la posibilidad de mejorar con las intervenciones adecuadas para el caso concreto.

Por lo tanto, tampoco tenemos intención de detenernos demasiado en este factor que, sin dejar de ser importante, entendemos se podrá poner en movimiento de una forma eficiente si logramos potenciar otros elementos que resultan fundamentales en el proceso de aprendizaje. Si la inteligencia fuera un Ferrari, podríamos decir que es un gran coche, que tiene mucha potencia, que puede ganar muchas carreras, etc… pero desde luego nada de eso será posible si ese Ferrari no tiene gasolina, ¿verdad? Por ello, más adelante iremos abordando estos otros factores que sirven de “gasolina” para el proceso de aprendizaje.

LOS ESTILOS COGNITIVOS
Es estilo cognitivo es la forma en la que una persona recibe y procesa la diferente estimulación que recibe, así como la capacidad de actuar sobre esa estimulación y a partir de ella.
Son factores casi tan importantes o más que la propia inteligencia, por lo que no deben ser dejados de lado.

Hablaremos someramente de tres estilos:

Dependencia / independencia de campo.
Se considera este factor TAN IMPORTANTE COMO EL COCIENTE INTELECTUAL para el proceso de aprendizaje.
Es un estilo de aprendizaje que puede representar un fracaso académico y personal profundo, por lo que debemos estar muy atentos. Explicaremos esto con un ejemplo práctico.

Una alumna, S., tenía un rendimiento escolar muy bajo, con múltiples suspensos. Siente verdadero pánico ante los exámenes y le cuesta muchísimo llegar a un aprobado. Siempre ha tenido muy poca confianza en sí misma, escuchando desde pequeña en casa y colegio que “era más lenta que el resto”. La niña está muy presionada para que estudie por parte de los padres, casi no tiene tiempo de ocio.

Esa lentitud, una vez desentrañados los factores críticos, se deriva de su “dependencia de campo”, es decir, de su estilo cognitivo. Su inteligencia resultó ser normal y el único problema es que para estudiar, las personas altas en este estilo necesitan una mayor cantidad de información para posteriormente actuar.
Así pues, a medida que avanzaba la clase se iban sumando problemas al no poder realizarse el análisis global que los dependientes de campo precisan.

Esto se puede abordar con la realización de esquemas que permitan al alumno saber en qué parte del global encaja un contenido concreto y se puede trabajar con los profesores para que apoyen en este sentido guiando a los alumnos.

Al comprender su funcionamiento, S. pudo aceptar que ella no tenía ningún “retraso mental”, sino sólo una manera distinta de funcionar que hacía que en ciertos momentos se quedara bloqueada por la ansiedad. Se la adiestró para funcionar bajo presión sin sentirse inferior, controlando la ansiedad y tratando de hacerse un plano de situación mental. Con ello, mejoró en sus estudios y pudo recuperar las asignaturas que tenía suspensas. Se abordó con la familia el problema de considerar retrasada a la niña y recalcárselo ante los fracasos, indicando que eso era parte del problema. Cuando comprendieron lo anterior, fueron una gran fuente de apoyo y esa mejora del clima familiar ayudó a mejorar la autoestima y autoconfianza de S. que, al sentirse apoyada y reforzada, dedicó más tiempo y más motivación a los estudios. Hoy cursa estudios universitarios con bastante buen resultado.

Nunca nos cansaremos de decir que la autoestima de un niño es la autoestima que pone la familia, por lo que es importante no condicionar el afecto, las buenas relaciones y el buen trato a los buenos resultados académicos. Si no se tiene cuidado, se puede acabar mediatizando el cariño y los estudios se pueden convertir en una forma de comunicación patológica entre el niño y la familia. Y podemos decir con bastante conocimiento de causa que en este terrible juego nadie sale ganando.

Las diferencias en capacidad o estilos cognitivos son eso, diferencias. Deben ser tenidas en cuenta, claro que sí, pero siempre desde la óptica de la potenciación de los puntos fuertes. Porque, no lo olvidemos, DIFERENTES SOMOS TODOS


Impulsividad / reflexividad.
La impulsividad / reflexividad es un estilo cognitivo con un gran impacto en el proceso educativo. La impulsividad es una tendencia a la respuesta rápida que en ocasiones genera errores garrafales y, por ello, se entiende que a nivel educativo no es demasiado apropiado.

Además, vivimos actualmente una fiebre por combatir un pretendido síndrome, el tan citado trastorno por déficit de atención, con o sin hiperactividad. Esto, en muchas ocasiones, hace que se acabe planteando una estrategia que a la larga puede resultar en más problemas que soluciones.

El contexto actual no ayuda a tener una adecuada actitud reflexiva y exploratoria, en parte porque la velocidad se asocia al progreso y a la “inteligencia”. Hubo un tiempo, no demasiado lejano, donde el ser humano tenía que salir a cazar y contaba únicamente con sus sentidos y con su capacidad de responder rápidamente a variadas amenazas potenciales para sobrevivir. De ahí que tengamos esa capacidad de cambiar el foco de atención y “despistarnos” tan fácilmente en algunos casos. Si no fuera adaptativo, este rasgo no habría sobrevivido, por lo que debemos entenderlo en su contexto para poder situarlo en un lugar correcto y desde ahí plantearnos las adaptaciones que sean precisas.

Además, los elementos que configuran las conductas reflexivas se van a ir desarrollando y madurando hasta bien entrada la adolescencia, por lo que interesa más entrenar la reflexividad con cierta “manga ancha” de manera que sigamos la evolución natural del desarrollo del sistema nervioso. Abordaremos esto en otro artículo más adelante.

La impulsividad puede surgir, por ejemplo, en el contexto de un examen, cosa que explicaría ese hecho conocido por todos de un alumno que se sabe un contenido de “pe a pa” y luego suspende por no haber razonado adecuadamente las respuestas del examen. Es un error de estrategia, no hablamos de un niño hiperactivo, sino de un niño acelerado. Son cosas diferentes. Y, como toda estrategia, esto de la reflexividad y autocontrol se puede aprender y entrenar. Daremos más adelante pautas para hacerlo .

-          Estilos de aprendizaje.
Los estilos de aprendizaje son maneras de enfocar el tema de los estudios. Tenemos dos estilos principalmente:

o    Estilo superficial: típico de estudiantes que se limitan a cumplir los mínimos objetivos, que son considerados una imposición externa. Se busca aprobar, independientemente de que se aprenda o no, abusando de estrategias de memorización, sin relacionar conocimientos o tratar de buscar un aprendizaje útil.

o    Estilo profundo: Se trata de comprender el significado profundo de los contenidos, se busca aprender, no aprobar. Es un estilo más exigente, ya que la comprensión de un contenido a veces es más exigente que su memorización. Además, este tipo de aprendizaje permite recordar los conceptos una vez pasado el examen. El alumno estudia para aprender.

De  la insuficiente explicación que ofrecen estos dos estilos nace un tercero, el estilo estratégico, que es aquel orientado a obtener las mejores calificaciones posibles, de manera que se optimiza el estudio y el trabajo para lograrlo.

Debe dejarse claro que un estudiante puede variar en estos estilos de aprendizaje según su interés y motivación en la asignatura, elementos que pueden variar según otros factores que iremos viendo más adelante. 


Continuaremos más adelante en otros artículos, esperamos que les resulte de utilidad…

Autor:
Aitor Jaén Sánchez
Psicólogo, Terapeuta Ocupacional.
www.lasbatallasdelamente.blogspot.com
terapia2009@ya.com  
© Reproducción autorizada citando la fuente.


**NOTAS:

 1- Cifras oficiales del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte:

2- Sampascual Maicas, G. (2004) Psicología de la Educación. Tomo I. Pág. 224. Madrid: UNED

3- Ausubel, D.P.; Novak, J.D. y Hanesian, H. (1983) Psicología Educativa. Un punto de vista cognoscitivo. México: Trillas.

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